Sobre la constitución del 31 de Octubre como el día de
las iglesias evangélicas.
El 10 de Octubre de 2008
la Presidente de la República, Michelle Bachelet, firmó el decreto de ley que
establece el 31 de Octubre como feriado en reconocimiento a las iglesias
evangélicas y protestantes del país. En un parte de su discurso la presidenta
expresó:
“entendemos que se trata de un acto de justicia que – sabemos- los miembros de sus Iglesias anhelaban hace mucho tiempo. De algún modo, es también una forma de reconocimiento al aporte que realizan las Iglesias Evangélicas al progreso nacional en todos los campos, a su prédica de valores que enriquecen nuestra convivencia y afianzan la cultura de la tolerancia y el respeto. Lejanos están los tiempos de las disputas entre creyentes y no creyentes, o las pugnas entre diversas corrientes religiosas.” (…)
“entendemos que se trata de un acto de justicia que – sabemos- los miembros de sus Iglesias anhelaban hace mucho tiempo. De algún modo, es también una forma de reconocimiento al aporte que realizan las Iglesias Evangélicas al progreso nacional en todos los campos, a su prédica de valores que enriquecen nuestra convivencia y afianzan la cultura de la tolerancia y el respeto. Lejanos están los tiempos de las disputas entre creyentes y no creyentes, o las pugnas entre diversas corrientes religiosas.” (…)
En el año 2015 en el
patio de los Naranjos expresó:
“Lo
que hemos hecho en el pasado, y lo que seguimos haciendo por la causa de la
libertad de culto, tiene una motivación muy simple, y es nuestra íntima
convicción de que en la diversidad de nuestro país está su riqueza. Que en la
libertad de profesar múltiples creencias está uno de los pilares desde donde se
construye la República.
Ese
principio irrenunciable, el de la diversidad y la libertad de culto está
grabado en nuestra historia y en nuestra conciencia como país.
Y
en virtud de ese principio, porque reconocemos en el pueblo evangélico, en sus
pastores y obispos, en sus hermanos y hermanas, un aporte al país de enorme de
gravitación y, tal como invita el himno “sigan firmes y adelante”, en el
cumplimiento de su misión pastoral, porque ustedes le hacen bien a Chile. Muchas
gracias.”
Pero,
aún dentro del pueblo evangélico se preguntan, ¿Por qué el 31 de octubre? La
fecha no es antojadiza. Obedece a la herencia histórica que tenemos los
evangélicos en la historia de Occidente.
El 31 de Octubre de 1517 de Wittemberg, Alemania, un monje agustino clavó las 95 tesis en el castillo de la ciudad, su nombre: Martín Lutero (1483-1546). Lutero pertenecía a la orden agustina. Los monjes agustinos podían disentir de las posturas oficiales de la iglesia. Por eso Lutero, en dicha oportunidad, presentó estas tesis para abrir el debate teológico acerca de las Indulgencias que eran vendidas en Alemania por Juan Tetzel, emisario del Papa. Con este gesto, Lutero no quería formar otra iglesia. Él quería entrar en diálogo y reformar la Iglesia Católica a la que pertenecía (anhelo que se dejaba sentir desde siglos anteriores dada la corrupción que presentaba la jerarquía de la Iglesia católica en los siglos XIII y XIV). Hasta ese momento la iglesia imponía un poder omnímodo sobre Europa.
Por supuesto, la reacción del papado fue inmediata, el Papa León X, el año 1519, llamó a Martín Lutero a retractarse de sus planteamientos. Pero Lutero sostuvo los sostuvo. Es así que en 1520, Lutero quema públicamente la bula papal que le amenaza de excomunión. Es en este mismo año que Lutero escribe las obras que serán el fundamento del programa reformador que se llevaría a cabo en Alemania. Más tarde en 1521, el 17 y 18 de Abril, Lutero fue convocado por los príncipes alemanes a la Dieta en la ciudad de Worms. Allí Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, pretendía terminar, de una vez por todas, con la herejía protestante. Lutero se presentó bajo la protección de Federico el sabio, príncipe Elector de Sajonia. En esa reunión se le pidió al monje agustino que se retractara de sus planteamientos teológicos; sin embargo, declaró que no le era posible retractarse por razones de conciencia. Sus palabras fueron las siguientes:
El 31 de Octubre de 1517 de Wittemberg, Alemania, un monje agustino clavó las 95 tesis en el castillo de la ciudad, su nombre: Martín Lutero (1483-1546). Lutero pertenecía a la orden agustina. Los monjes agustinos podían disentir de las posturas oficiales de la iglesia. Por eso Lutero, en dicha oportunidad, presentó estas tesis para abrir el debate teológico acerca de las Indulgencias que eran vendidas en Alemania por Juan Tetzel, emisario del Papa. Con este gesto, Lutero no quería formar otra iglesia. Él quería entrar en diálogo y reformar la Iglesia Católica a la que pertenecía (anhelo que se dejaba sentir desde siglos anteriores dada la corrupción que presentaba la jerarquía de la Iglesia católica en los siglos XIII y XIV). Hasta ese momento la iglesia imponía un poder omnímodo sobre Europa.
Por supuesto, la reacción del papado fue inmediata, el Papa León X, el año 1519, llamó a Martín Lutero a retractarse de sus planteamientos. Pero Lutero sostuvo los sostuvo. Es así que en 1520, Lutero quema públicamente la bula papal que le amenaza de excomunión. Es en este mismo año que Lutero escribe las obras que serán el fundamento del programa reformador que se llevaría a cabo en Alemania. Más tarde en 1521, el 17 y 18 de Abril, Lutero fue convocado por los príncipes alemanes a la Dieta en la ciudad de Worms. Allí Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, pretendía terminar, de una vez por todas, con la herejía protestante. Lutero se presentó bajo la protección de Federico el sabio, príncipe Elector de Sajonia. En esa reunión se le pidió al monje agustino que se retractara de sus planteamientos teológicos; sin embargo, declaró que no le era posible retractarse por razones de conciencia. Sus palabras fueron las siguientes:
“puesto que Vuestra Majestad Imperial
y vuestras Señorías desean una respuesta escueta, yo también quiero darla así,
sin embages ni rodeos: si no se me convence con testimonios de las Escrituras y
claras razones- pues yo no creo ni en el Papa ni en los concilios
exclusivamente, ya que está claro como a luz del día que con frecuencia se han
equivocado y contradicho a sí mismos-yo me siento arrollado en mi conciencia
por los pasajes de las Sagradas Escrituras que he citado, y prisionero de la
Palabra de Dios. Por tanto, no puedo ni quiero retractarme, porque hacer algo contra
la conciencia no tranquiliza ni beneficia. Y terminó diciendo: “Dios mío,
ayúdame. Amén”. (Lilje, 68)
Con
esta expresión Lutero marcó el camino que le llevaría definitivamente a
separarse de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. En el plano de la
libertad de conciencia, este fue el aporte que tuvo repercusiones históricas
para Alemania, Europa y, posteriormente, en toda la sociedad occidental. Un
insignificante monje agustino enfrentándose a todo aparato jerárquico,
administrativo, económico, político y religioso de la Iglesia Católica. Lutero
fue la figura, en su época, de una persona que tuvo la libertad de pensar por
sí misma basada en su propia conciencia y en la Palabra de Dios. Así se inició
como una avalancha, lo que sería propio de la modernidad. Las personas serían
capaces de pensar distinto de lo que piensa “la iglesia oficial”.
Este
fue el mismo argumento que usaron más adelante en 1525 los campesinos alemanes,
para presentar su pliego de peticiones a los Príncipes alemanes en la Selva
Negra. Ellos se fundamentaron en la Palabra de Dios y presentaron las
necesidades básicas que les aquejaban. Las exigencias de los campesinos decían
relación con el derecho a nombrar a sus pastores, hacer uso de los diezmos de
la congregación para ayudar a los necesitados, usar el agua y la madera de los
campos, ser juzgados con justicia, entre otros. El fundamento para dichas
peticiones estaba en la razón y en la Palabra de Dios. Terminan sus 12
peticiones diciendo:
“Nuestra conclusión e intención final es que, si alguno de estos artículos no está de acuerdo con la Palabra de Dios-cosa que no creemos- lo retiraremos con gusto en cuanto se nos compruebe, mediante una clara explicación de las Escrituras, que no concuerdan con la Palabra de Dios…. La paz de Cristo sea con todos nosotros”. (Driver, 163)
“Nuestra conclusión e intención final es que, si alguno de estos artículos no está de acuerdo con la Palabra de Dios-cosa que no creemos- lo retiraremos con gusto en cuanto se nos compruebe, mediante una clara explicación de las Escrituras, que no concuerdan con la Palabra de Dios…. La paz de Cristo sea con todos nosotros”. (Driver, 163)
Su
osadía les costó la vida: entre 70.000 y 100.000 campesinos fueron asesinados a
manos de los príncipes alemanes. Ese hecho marcó el desenvolvimiento de la reforma
Alemana. Y en Suiza, El 21 Enero del 1525 otros hombres no estaban de acuerdo
con la relación que había establecido Zwinglio con el gobierno de Zurich. Eran
los “hermanos suizos”, que después de orar decidieron bautizarse en la plaza
del pueblo e iniciar reuniones en sus casas. Fue el comienzo de los
anabautistas en Zurich.
La semilla estaba sembrada. Era cosa de tiempo que germinara en el corazón de toda la gente humilde de Europa y el mundo. Esta es la herencia de la reforma para nosotros los evangélicos en el siglo 21.
Para Hans Kung, Teólogo católico Alemán disidente de la postura oficial de la iglesia católica en la actualidad, la reforma dice relación básicamente con la búsqueda de certeza de salvación por parte de Lutero. Finalmente, la pregunta que está a la base de la reforma es: ¿cómo puede el hombre ser salvo?
Según Juan Stam, destacado teólogo latinoamericano perteneciente a la FTL, los principios que fueron herencia de las Reformas Protestantes del Siglo XVI son los siguientes:
1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide),
2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura), y
3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales:
4) la libertad cristiana, y
La semilla estaba sembrada. Era cosa de tiempo que germinara en el corazón de toda la gente humilde de Europa y el mundo. Esta es la herencia de la reforma para nosotros los evangélicos en el siglo 21.
Para Hans Kung, Teólogo católico Alemán disidente de la postura oficial de la iglesia católica en la actualidad, la reforma dice relación básicamente con la búsqueda de certeza de salvación por parte de Lutero. Finalmente, la pregunta que está a la base de la reforma es: ¿cómo puede el hombre ser salvo?
Según Juan Stam, destacado teólogo latinoamericano perteneciente a la FTL, los principios que fueron herencia de las Reformas Protestantes del Siglo XVI son los siguientes:
1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide),
2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura), y
3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales:
4) la libertad cristiana, y
5)
“la Iglesia reformada siempre reformándose” (ecclesia reformata semper
reformanda).
En
el mismo documento Juan Stam expresa que la gran deuda que tenemos los
evangélicos dice relación con la “libertad cristiana” y con el principio de “la
iglesia reformada siempre reformándose”. Para Este teólogo la gracia de Dios
nos libera del legalismo. Además, la “libertad de evangelio” estaba por sobre
toda autoridad y de todas las leyes humanas. La sola escritura – continúa – nos
libra del autoritarismo y el dogmatismo. Ninguna autoridad humana puede
imponerse sobre la conciencia del creyente, si no puede fundamentarse en las
escrituras. Respecto a las palabras dichas por Lutero en Worms, Stam expresa:
¡Qué palabras de libertad teológica! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para “examinarlo todo” a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.
¡Qué palabras de libertad teológica! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para “examinarlo todo” a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.
Finalmente,
Stam expresa que el sacerdocio universal de creyente, postulado en la teología
de Lutero, nos libera del clericalismo. Esto implica un proceso de
democratización dentro de la iglesia. Para el teólogo de Wittemberg hombres y
mujeres eran sacerdotes y servidores de Dios. Los reformadores tuvieron la
humildad de expresar el principio: “iglesia reformada siempre reformándose”.
Entendieron que el movimiento que iniciaban estaba inconcluso y requería una
revisión continua. Agrega Juan Stam: “Su
gran mérito histórico fue el de haber hecho un buen comienzo, muy dinámico, y
precisamente de no pretender haber dicho la última palabra per saecula
saeculorum.”
Termina Juan Stam preguntándose acerca de la herencia de la reforma protestante. A lo que responde:
¿Qué nos dicen hoy estos postulados fundamentales de la Reforma? (1) Nos desafían a redescubrir constantemente el significado de las Buenas Nuevas y la fuerza de la libertad evangélica, tan caras para los reformadores. (2) Nos llaman al continuo trabajo de exégesis bíblica, seria, científica, crítica y evangélica, individual y corporativa: sólo en la cuidadosísima interpretación de la Palabra de Dios se hallará la libertad evangélica del Pueblo de Dios y de la teología. (3) Nos llaman a un profundo respeto hacia los demás hermanos y hermanas, al buscar juntos la voluntad del Señor en esa obediencia a la Palabra que es también una sana libertad ante toda palabra humana. En las muy sabias palabras de un antiguo refrán de la Iglesia, “En lo esencial (lo bíblico y evangélico), unidad; en lo no-esencial (opiniones, tradiciones, costumbres), libertad; en todo, caridad”.
Termina Juan Stam preguntándose acerca de la herencia de la reforma protestante. A lo que responde:
¿Qué nos dicen hoy estos postulados fundamentales de la Reforma? (1) Nos desafían a redescubrir constantemente el significado de las Buenas Nuevas y la fuerza de la libertad evangélica, tan caras para los reformadores. (2) Nos llaman al continuo trabajo de exégesis bíblica, seria, científica, crítica y evangélica, individual y corporativa: sólo en la cuidadosísima interpretación de la Palabra de Dios se hallará la libertad evangélica del Pueblo de Dios y de la teología. (3) Nos llaman a un profundo respeto hacia los demás hermanos y hermanas, al buscar juntos la voluntad del Señor en esa obediencia a la Palabra que es también una sana libertad ante toda palabra humana. En las muy sabias palabras de un antiguo refrán de la Iglesia, “En lo esencial (lo bíblico y evangélico), unidad; en lo no-esencial (opiniones, tradiciones, costumbres), libertad; en todo, caridad”.
Profesor Mg. Pedro Seguel
G.
31 de Octubre del 2008, Revisado el 25 de Octubre 2018
31 de Octubre del 2008, Revisado el 25 de Octubre 2018
·
Driver, Juan. (1997). La fe en la
periferia de la historia. Una perspectiva del pueblo cristiano desde la
perspectiva de los movimientos de restauración y reforma radical. Editorial
Semilla: impreso en Colombia.
·
Kung, Hans. Pensadores cristianos.
Editorial Trotta: Madrid.
·
Kung, Hans. (1997). El cristianismo.
Esencia e historia. Editorial Trotta: Madrid.
·
Lilje, Hanss.(1983). Martín Lutero.
1483-1983. Inter. Naciones Bonn.
·
Stam. Juan.
·
Biblioteca de Martín Lutero. Iglesia
Evangélica Luterana Argentina (Córdoba- San Luis). Extractado de Internet el 25
de Octubre 2018 https://sites.google.com/site/iglesialuteranariocuarto/biblioteca-martin-lutero/biblioteca-martin-lutero_1517-a-1520
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