Amados les relataré un
cuento fantástico que ocurrió en el reino metafísico Teo.
Yo era completamente ingenuo
en las artes de aquel reino. Llegué a él
por casualidad. A la vuelta de la esquina, caminaba desprovisto de toda
preocupación hasta que me encontré con Bulnes y allí estaba. Algo viejo, medio
húmedo, pero tenía un hermoso espacio y lugares para estar y compartir
comunitariamente.
El reino me sedujo, me quedé,
me embrujó. Allí conocí a la Reina Madre El-Bel. Al comienzo todo parecía
normal, pero con el tiempo todo lo oscuro de su reino comenzó a revelarse. La
conocí. Le temí. Como todos lo que habitan dicho reino.
Ella era única en su género,
la hija menor del reino perfecto de los dioses familiares. Nuera del Dios sol,
casado con un tierno Dios, que en nada le contrapesa. Ella es única,
reina-madre tiene la última palabra, nada se le opone, consigue todos sus
designios. Conoce todos los saberes, está llena de sabiduría, tiene seguidores
que le temen. Es que sin ella nada es, con ella todo el universo de teo se
doblega. Ella ha viajado a ultramar, conoce el lenguaje de los misteriosos
seres, ha conocido a los dioses más importantes. Sus escritos corren por el
mundo. Aunque en realidad pocos los han visto.
Nada es igual a ella, nada
le hace sombra, todo lo que hacen los demás se ensombrece ante su presencia. Es
que es extraño que ella no sea la reina de todos los dioses. Me atrevo a
afirmar que podría ser Dios, nadie se explica por qué no se le ha designado. Ella
lo ilumina todo. Nunca enfrenta las tormentas, las dificultades las
contradicciones. Nunca da la cara, son sus esclavos quienes pelean por ella. La
sangre derramada por las batallas, no salpica sus aúreos vestidos largos de
Virgen Santa. Es que ella no desciende a ese terrenal mundo de los humanos.
Siempre está por sobre lo humano. Guarda las apariencias, habla
metafóricamente, tiene piedad de los pobres mortales que no entienden su
circular y críptico diálogo de sordos. Incluso inventa sus propios valores, es
una reina Nietzscheana-postmoderna. Crea sus propios valores. Está más allá del
bien y del mal. Sus discípulos cual sicarios la defienden a brazo partido –dan
puñaladas por la espalda-. Nada les detiene-ciegos luchan, hablan, crean
insidias, se convencen a sí mismo, se retroalimentación de la insana sabiduría,
siempre se encuentran razón y planean contra sus enemigos-. Todos están contra
ella, ella es la única que ostenta la verdad. Su Verdad es el tipo Parmenídeo,
esférica y eterna, única, permanente, como su cofradía, la única, la eterna, su
comunidad es perfecta, todos los demás somos escoria -es que no puede ser de
otra forma-. Pero ella no lo dice de frente, lo conversa en silencio con sus
humildes seguidores, camina - emulando sin saberlo a los paripatéticos
filósofos (ella mira con recelo a los filósofos)- por los pasillos destilando
su pestilencia, sus discípulos beben de su histórica y sistemática sabiduría.
Nadie puede contradecirle. Nadie puede ir contra ella. Nadie podrá seguir sus
caminos si primero no se subyuga a su terrible égida.
Por eso estimados lectores,
escribo este cuento. Yo el muy pecador, me atreví a decirle: No. A
contradecirla. A Pensar por mí mismo, a creer cosas distintas. A ser hombre, a
ser varón, a tener carácter. A decir lo que pienso en voz alta. A exponerla públicamente,
en sus bajezas, en sus mentiras, en su manipulación. Ahhhhh, pero yo no contaba
con su fuerza, con su lengua viperina, que todo lo mancha, que todo lo
comenta, que todo lo ensucia. La verdad
en ella no existe, la realidad la construye, la transforma, la manipula, la
tergiversa, la crea. Toda verdad para por ella, sin su aduana, no existe. Es
que ella crea su propia realidad. La realidad no existe para esta reina.
Confieso y me arrepiento,
pobre mortal. Me opuse a sus designios. Entonces sentí sus dardos, su furia,
escondida, solapa, pero furia perversa. Me anuló, me sustento, me sacó de su
reinó, me tiró, me nadificó (si esa palabra existiera) porque en dicho reino
nadie más puede mandar. Ella reina sin parangón. Cuando alguien se le opone,
entonces se sentencia a sí mismo a la muerte-muerte literal, para ella no hay
términos medios. Ella es capaz de deportar a los extranjeros, de anular a los
enemigos, de sacar de su reino a todo el que se coloca en su camino. Tiene el
poder de reescribir la historia, que es su historia. Especialmente si quien se
opone es hombre-género maldito, necesario, pero maldito, sólo sirve para
procrear, el sucio sexo no es deleite de
los dioses como ella-.
Es que todos deben rendirle
pleitesía. Incluso los poderosos y ricos dioses del norte. Es que ellos todo se
lo han pagado. Ella no paga nada, nada adeuda. Los demás, tenemos que pagarlo
todo. A ella todo se lo han pagado. Su gran educación. En los más grandes
reinos extranjeros-del Sol. Fue pagado. Sus viajes al reino de los castillos
suntuosos son pagados. Sus visitas para compartir la sabiduría, son pagados.
Ella nada paga, nada presta. Ella no da caridad. Los dioses no son caritativos-esa
es su consigna-. Es que esa palabra no está en su vocabulario. Ella abre su boca
para que se la llenen se la sacien. Pide, y debe concedérsele-todo por gracia.
Su hermana reina de reino de las montañas nevadas sustenta a su familia. Ella
está tranquila.
Pero, lamentablemente, ha
anunciado que se va del reino. El reino tirita, ¿Qué sería de ellos sin ella?
Es que ella no es de este mundo. Está por sobre todos nosotros. Sin ella este
reino no existe. Se va a otros reinos de mayor sabiduría. Donde a ella la
valoran, la aman, la necesitan. Hace mucho tiempo lo ha anunciado, pero aún no
ocurre, pero ocurrirá (Ya, pero todavía-no). Mientras tanto sufre con las
pequeñeces de nosotros los mortales.
Confieso que pequé que me
opuse a su égida. Que he caído bajo la condena de la Reina-Madre del mundo de
Teo.
Finalmente, acabo de salir
de allí-fue como una pesadilla. Por mucho tiempo viví en ese lugar. En una
parte le seguí su juego- creí que era normal-, incluso le rendí pleitesía a su
malévola aura, rodeado de sabiduría, de mentiras y engaños. Acabo de salir y me
di cuenta de lo pequeño que es dicho mundo. Es un mundo demasiado pequeño –y
ella una reina insignificante-. Me di cuenta que ella no era Dios- ¿Qué mortal
podría serlo?-. Que su sabiduría es humana-demasiado humana- y mundana-perversa-
como dice el libro de Santiago. Por eso estoy feliz. Lo deseo compartir con
ustedes. Este escrito me lo debía y lo debía a mis amigos, para ellos va. Con
esto termino este ciclo. Gracias amigos cuando escucharon y callaron, cuando
entendieron y esperaron lo explicación. Estoy feliz. Si Feliz. Lo lamento por
los que se quedan. Espero un día sean también liberados.
Gracias a Dios y a ustedes
por todo.
Concepción, Barrio
Universitario.
03 de Abril del 2012
Pedro Seguel Garrido.
Concepción, Chile.
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